Este año 2.020, se celebra el primer centenario de: La
torre de señales (ahora llamadas torres de control) de Cuatro Vientos
fue construida entre 1919 y 1920 por Enrique Sierra en sus talleres del
madrileño Paseo de las Delicias. Las principales piezas prefabricadas en
hormigón armado se trasladaron desde allí a los terrenos del aeródromo. Su
diseño se basaba en un proyecto redactado en julio de 1919 por el comandante de
Ingenieros Leopoldo Giménez. Las construcciones aeronáuticas daban por entonces
sus primeros pasos, por lo que no existía ni tradición ni normas conocidas para
diseñar y construir torres de señales. Por ello, para desarrollar este proyecto
se siguieron las pautas utilizadas en los faros marítimos de la época.
Una terraza de 131,5 metros cuadrados cubre la planta
baja de la torre, que incluye varias estancias. La torre adopta el trazado
de un octógono regular y tiene una superficie de 34,5 metros cuadrados en su
base. En ella se encontraban los elementales instrumentos de la época y sus
controladores de vuelo, que dirigían los despegues y aterrizajes por medio de
señales ópticas. La puerta de acceso está coronada por un emblema de la
Aeronáutica en el cual se superponen los distintivos de los tres títulos de
pilotos que existieron en la época: aeroplanos, dirigibles y globos. La torre
alcanza una altura de 19,55 metros (hasta el pararrayos), y a cuya parte superior
se accede subiendo por una estrecha escalera de caracol con 104 peldaños. Esta
torre, que se encuentra en la parte militar del aeropuerto, es una de
las más antiguas del mundo. Junto a las habituales reparaciones y
mantenimiento a lo largo de su dilatada historia, y una restauración, llevada a
cabo por el personal de los talleres de la Agrupación de la Base Aérea de
Cuatro Vientos y de la Maestranza Aérea de Madrid, llega a este año de su
centenario.
En
agosto del año 1919, en el edificio Palace, a escasos metros de ese mismo lugar, sede de la primera escuela de pilotos de
España, el comandante de ingenieros Leopoldo Jiménez García mantenía una
interesante conversación para arrancar un proyecto pionero que acababa de ser
aprobado por Real Orden del Rey Alfonso XIII, de 11 de agosto. Ambos
interlocutores guardaban una cierta distancia de seguridad entre ellos e iban
equipados con una mascarilla. Un desconocido virus estaba causando millones de
muertes en el planeta y eran precauciones necesarias.
-
¡Un faro marino en Madrid Leopoldo!
-
Exacto, Enrique. Acaban de aprobar mi proyecto y quiero que pongas en marcha tu
taller. Un lugar necesario para gestionar las operaciones aéreas. Un lugar
donde las gaviotas podrán recordar el azul del mar y contarnos los secretos del
cielo.
-
¡Gaviotas en Madrid!
-
¡Créeme, será testigo de grandes gestas y de nuestra conquista del cielo!
El
presupuesto total para la obra fue de 24.990 pesetas, y se cargó a la dotación
de los Servicios de la Aeronáutica Militar. El cálculo de éste estaba basado en
el proyecto original del comandante Jiménez, realizado para la denominada como
“Comandancia Exenta de Ingenieros”. Se firmó el veintidós de julio de 1919.
Enrique Sierra la edificó en su taller del Paseo
de Delicias de Madrid con el apoyo del maestro de albañilería Pepe Alegría y su
cuadrilla de trabajadores. Las principales piezas están prefabricadas en
hormigón armado y se trasladaron desde el taller, a lomos de mulos, hasta los
terrenos del aeródromo. Lenta y dura tarea a la que había que añadir la
dificultad extra de tener que tomar medidas de protección contra aquel maldito
virus.
Del
creador de la torre, el comandante Leopoldo Jiménez, sabemos que era un
destacado ingeniero militar que viajaba regularmente por España para diseñar
algunas de las instalaciones militares de lo que serían las futuras bases
aéreas: Tablada (Sevilla), Los Alcázares (Murcia), Armilla (Granada), León y
Getafe en Madrid; entre otras.
Es
importante también su colaboración con el inventor español Emilio Herrera para
la construcción del laboratorio aerodinámico de Cuatro Vientos, que disponía de
uno de los túneles de viento más modernos del momento.
La
torre estuvo en “servicio activo” desde 1920 hasta 1982, fecha en la que dejó
de prestar sus funciones y se convirtió en lo que ahora es: la
edificación histórica más emblemática del Ejército del Aire. Cuatro
Vientos puede presumir, además, de tener tres torres de control, aunque,
lógicamente, con solo una de ellas operando.
Os
preguntaréis, el porqué de que, en el año 1919, iban con mascarillas, pues es
una simple respuesta, la Gripe Española que
mató entre 1918 y 1920 a más de 40 millones de personas en
todo el mundo. Se desconoce la cifra exacta de la pandemia que es considerada
la más devastadora de la historia. Un siglo después aún no se sabe cuál fue el
origen de esta epidemia que no entendía de fronteras ni de clases sociales, y
ahora en el 2020, cien años después la COVID-19, ¿casualidad,
realidad o ficción?
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