La historia
del primer paracaidista español es también la historia de un héroe y de un
militar que vio en el paracaidismo una herramienta necesaria para las Fuerzas
Armadas. De hecho, organizó el primer curso en el Aeródromo de Cuatro Vientos
en 1927. Poco después, en 1930, quiso la historia que se convirtiera en el
primer gran héroe vinculado al paracaidismo en España, ya que sacrificó su vida
por salvar la del soldado que le acompañaba durante un vuelo rutinario al
fallar el avión. La escuela de todos los paracaidistas, en 1959, adoptó su nombre en memoria de la gesta.Méndez
Parada no sólo destaca por su heroísmo, fue también pionero y director del
primer curso de paracaidismo militar español. De hecho, su gran afición le
llevó al salto con paracaídas para arrumbar falsos prejuicios sobre la
ineficacia del mismo. Y fue en noviembre de 1927 cuando realizo el curso, en el
Aeródromo de Cuatro Vientos, con el modelo de paracaídas empleado por la
aviación americana, automático, que se abre a voluntad del aviador tirando de
una argolla. El objetivo estaba aún lejos de las actuales tácticas
paracaidistas y su único fin era garantizar la vida del piloto en caso de que
fallara el aparato.
Méndez
Parada. Era un segoviano nacido el 14 de septiembre de 1899. El 1 de mayo de
1916 ingresa como alumno en la Academia de Artillería. El 9 de julio de 1921 es
nombrado teniente de artillería por promoción y el 9 de julio de 1926 capitán
por antigüedad. En enero de 1925 obtuvo el nombramiento de piloto y desde ese
momento ejerce funciones como tal. Es condecorado en diferentes ocasiones:
-1923
Medalla Militar de Marruecos con los pasadores de Melilla y Tetuán.
-1923 Cruz
del Mérito Militar con distintivo rojo.
-1926 Cruz
de la Orden Militar de María Cristina por los distinguidos servicios que prestó
en la zona de protectorado de Marruecos por el lapso comprendido entre el día 1
de agosto de 1924 y el 1 de octubre de 1925.
-1927 Cruz
de la Orden Militar de María Cristina por los distinguidos servicios en nuestra
zona del protectorado de Marruecos entre el 1 de octubre de 1925 y el 30 de
septiembre de 1926.
La muerte le
llegó muy joven, con 30 años, cuando apenas llevaba un año casado y estaba a la
espera de ser padre. El comandante Gallarza, ayudante en aquel momento de Su
Majestad El Rey y años más tarde ministro del Aire, fue el encargado de
transmitir la noticia a su viuda y familiares en su domicilio madrileño de la
calle Serrano. Le enterraron en el cementerio de Carabanchel Bajo, acompañado
de un numeroso cortejo fúnebre y del vuelo de aeroplanos, que arrojaron flores.
Allí descansan otros tantos héroes de la aviación y, hace unos años, los restos
de todos ellos han sido trasladados de tumbas a nichos permaneciendo en el
propio cementerio. En Madrid también hay una pequeña plaza con su nombre, en
Carabanchel (entre las calles General Ricardos y Camino Viejo de Leganés).
EL ACCIDENTE
El viernes 7
de marzo de 1930, sobre las 9:30 h de la mañana, el capitán Méndez Parada y el
soldado-mecánico Fortunato de la Fuente, de 23 años, se disponen a
despegar en un avión Havilland de reconocimiento 9-93, para efectuar un vuelo
de prueba. El aeroplano había sido traído recientemente desde Logroño. Hacía
poco, y con motivo de un accidente ocurrido en el Parque de la Escuadrilla
Regional de Los Alcázares, el comandante Ricardo Bellod Keller, jefe del
Parque, dio la orden de que los aparatos procedentes de fuera se probaran en
vuelo. El capitán, como jefe de Escuadrilla del Parque Regional de Cuatro Vientos,
era uno de los encargados de esta misión y, atendiendo a la petición del
soldado, le escogió como acompañante. El aparato voló con normalidad por los
alrededores del aeródromo durante un cuarto de hora. Hallándose a unos
cuatrocientos o quinientos metros del aeródromo, y en las proximidades de
Leganés, el capitán notó una grave avería en el avión. Viendo que el accidente
era inevitable y temiendo por la vida del soldado que le acompañaba, le dijo
que se lanzase en paracaídas. Éste, sorprendido por la orden, se precipitó al
abrir el paracaídas y quedó enganchado en el tren de aterrizaje. Méndez Parada
se dio cuenta de la situación y, temiendo por segunda vez por la vida del
mecánico, maniobró hasta liberarlo. En ese momento el piloto se quedó sin tiempo
de usar su paracaídas y cayó en barrena, con tan mala suerte que quedó atrapado
bajo los restos del Havilland 9-93, pereciendo abrasado bajo sus restos.
En las
proximidades del lugar estaba el puesto de la Guardia Civil de las Piqueñas.
Parece ser que toda la fuerza del puesto se encontraba en la puerta del cuartel
poco después de las diez de la mañana, cuando advirtieron a alguna distancia un
aeroplano que hacía maniobras, en cuyo vuelo se notaban ciertas anormalidades,
hasta el punto de que los guardias civiles hicieron comentarios sobre la marcha
irregular del aparato. De repente vieron que éste se inclinaba, entraba en
barrena y caía a gran velocidad. Los guardias civiles corrieron inmediatamente
al lugar en el que había caído el avión, pero al llegar se encontraba envuelto
en llamas. Para poder dominar el incendio recurrieron a la arena y de esta
manera consiguieron sofocar las llamas y acercarse al armazón del aeroplano del
cual pudieron extraer el cuerpo del capitán. El soldado fue a caer en un tejado
de una granja próxima al accidente, a unos setenta metros. Éste, que había sido
víctima de un desvanecimiento, fue trasladado a una casa cercana donde pudieron
hacerle reaccionar y acudir enseguida para saber de su jefe.
En 1935 se
realizó la primera exhibición en el aeródromo de Barajas. Luego llegó el
periodo de la guerra civil, y la creación del Ejército de Aire por Ley de 7 de
octubre de 1939. En marzo de 1946 se crea la Primera Bandera Paracaidista
dentro de la Primera Legión de tropas de Aviación, en Alcalá de Henares
(Madrid), a esta unidad se le da carácter experimental para crear el
paracaidismo militar en España. Por Orden Ministerial del 14 de mayo de 1946 se
designa para el primer mando de la Primera Bandera al capitán D. Ramón Salas
Larrazábal. La Bandera Paracaidista cuenta en su primer curso con casi 300
hombres procedentes, la mayoría, del Arma de Tropas de Aviación.
Posteriormente,
se considera como emplazamiento ideal para ubicar la escuela de paracaidismo la
población de Alcantarilla, no sin antes haber estudiado otros puntos de la
geografía española, pero las condiciones para la práctica del paracaidismo de
la localidad murciana resultaban insuperables.
No olvidemos
que todos los paracaidistas, sean del Ejército que sean, han de «pasar» por la
única escuela y que esta, a su vez, es la única unidad del Ejército del Aire
que adopta el nombre de una persona, publicado en el Boletín Oficial del Aire,
112 de 17 de septiembre de 1959. Casi 30 años después de su muerte, la Escuela
Militar de Paracaidismo adoptará el nombre de Escuela Militar de Paracaidismo
«Méndez Parada», como reconocimiento a los hechos mencionados. La fecha
concreta de la nueva denominación es el 16 de septiembre de 1959.
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